A. Presentación:
La profesional.
B. La Entrevista:
1. Hablar con los hijos sobre los peligros del alcohol, y las drogas, no es fácil; más aún, cuando se padece alcoholismo ¿Qué pautas pueden estar más indicadas en estos casos?
2. ¿Qué nivel de consumo de alcohol en un adolescente se puede considerar perjudicial?
3. ¿Cuándo un padre debe alertarse sobre la posibilidad de que su hijo tenga problemas con el alcohol?
4. ¿Cómo debe actuar un padre cuando tiene indicios de que su hijo posee problemas con el alcohol?
5. ¿Qué reacciones comunes puede encontrar un padre alcohólico en el comportamiento de sus hijos?
6. ¿Qué aconsejaría a los familiares de una persona alcohólica, de cara a afrontar esta situación?
7. ¿Qué aspectos se han abordado en el seno de los grupos educativos con hijos de alcohólicos? ¿En qué se justifica su acción?
A. La Profesional.
Rosa Díaz Hurtado es doctora en Psicología Clínica. Fue la creadora y coordinadora nacional de un programa pionero en el trabajo educativo para jóvenes hijos de alcohólicos: Programa Alfil (Socidrogalcohol, 1997-2003), con la participación en la European Network for Children Affecteed by Risky Environments in their family (Red Europea para los niños afectados por un ambiente de riesgo familiar).
Por ello, cuenta con numerosos trabajos publicados en torno a esta temática en la prensa científica. Actualmente, la dra. Díaz, desarrolla su labor para la administración autónoma catalana, trabajando con adolescentes en un contexto clínico terapeútico.
Aula de Alcoholismo agradece a Dña. Rosa Díaz el habernos autorizado a publicar esta entrevista para nuestra revista digital.
B. La Entrevista.
Cuando los propios padres han tenido problemas con el alcohol, conversar con los hijos sobre su propia experiencia puede ser muy útil para prevenir el mismo tipo de problemas en los hijos, sin adoptar actitudes moralistas o condenatorias. Se trata de transmitirles que confiamos en su proceso de maduración para que acaben decidiendo por sí mismos lo que más les conviene.
Sin embargo, previamente a esta conversación puede ser necesario un proceso de entendimiento de la propia enfermedad para aceptarla sin vergüenza ni culpabilidad, y poder enfrentarse al posible resentimiento de los hijos. No hay que dramatizar. La prevención de los problemas derivados del consumo de drogas desde la familia debe seguir el mismo tipo de estrategias generales dirigidas al desarrollo integral de la personalidad los hijos.
2. ¿Qué nivel de consumo de alcohol en un adolescente se puede considerar perjudicial?
En menores de 16-18 años, cualquier consumo de sustancias adictivas, podría en principio, considerarse un abuso. Esto es debido a que supone un riesgo importante para su salud física, psicológica o social, debido a que tanto sus órganos (y en especial su cerebro) como sus potencialidades psicológicas se encuentran en pleno desarrollo. Sin embargo, en nuestra cultura se acepta que durante la adolescencia se producen los primeros contactos experimentales con drogas legales como el alcohol.
Lo que se considera realmente peligroso sería el consumo puntual de cantidades superiores a una o dos consumiciones, o el consumo habitual con fines como el de evadirse o aliviar el malestar emocional, facilitar el contacto social cuando se carece de estrategias alternativas, buscar como única “diversión” los efectos psicotrópicos de la sustancia, etc. Estos patrones de consumo, además de aumentar los accidentes, las relaciones sexuales sin protección, etc., podrían facilitar el desarrollo futuro de una dependencia o incapacidad para controlar el consumo de la sustancia debido a un deseo irrefrenable en determinadas circunstancias (dependencia psicológica) o a una necesidad fisiológica producida por la adaptación del organismo (dependencia física).
3. ¿Cuándo un padre debe alertarse sobre la posibilidad de que su hijo tenga problemas con el alcohol?
Uno de los síntomas más claros de que un joven empieza a perder el control sobre cuánto alcohol consume, o sobre cuándo y dónde consumir alcohol podría ser el momento en el que él (y sus amigos) tienen la sensación de que “aguanta mucho bebiendo”, porque después de beber grandes cantidades de alcohol no manifiesta, al menos aparentemente, efectos de la intoxicación como el mareo, las náuseas, la debilidad o el malestar general. Esto indicaría una elevada tolerancia de su organismo al alcohol, y éste se considera uno de los principales factores de riesgo para acabar teniendo una dependencia.
Otros indicadores de que un joven se está “pasando” con el alcohol son: beber las consumiciones rápidamente, prácticamente de un solo trago, para conseguir rápidamente sus efectos, beber en solitario con frecuencia, necesitar beber algo antes de ir a una fiesta, antes de tener que hablar seriamente con alguien, o bien beber para olvidar problemas, o después de enfadarse con familiares o amigos. También indicaría el inicio de problemas el hecho de que el consumo de alcohol interfiriese en su rendimiento en la escuela o en sus actividades laborales, en su interés por actividades propias de la edad, o en las relaciones con sus amigos, etc.
También puede suceder que el joven empiece a recibir amonestaciones de sus familiares o amigos, aunque se empeñe en negar la existencia de problemas y asegure que “él controla”. Habitualmente los que le rodean perciben mucho antes que el propio joven la situación de abuso.
4. ¿Cómo debe actuar un padre cuando tiene indicios de que su hijo posee problemas con el alcohol?
La actitud más apropiada por parte de los padres, comenzaría por promover la comunicación abierta y franca sobre el tema (en un momento en que no esté intoxicado), sondeando e intentando comprender qué motivaciones tiene el joven para consumir en la forma en que lo hace (imitación de amigos, malestar emocional, dificultades en las relaciones con los demás, etc.). También deberían expresarle su preocupación por su salud y mostrarle que puede contar son su apoyo ante cualquier problema. Por último, en caso necesario, se trataría de facilitarle el acceso a profesionales que puedan asesorarle adecuadamente respecto al consumo de sustancias adictivas.
5. ¿Qué reacciones comunes puede encontrar un padre alcohólico en el comportamiento de sus hijos?
El alcoholismo ocasiona una gran distorsión en la organización y las relaciones afectivas de las familias, con gran tensión, conflictos, desconfianza, frustración, sentimientos de culpabilidad, incomunicación y una gran dificultad para abordar “el secreto familiar”. Con frecuencia, los hijos de alcohólicos tratan de enfrentarse a esa distorsión familiar mediante patrones de comportamiento típicos. Algunos tratan de ser “héroes” o “hijos perfectos” obteniendo buenas notas, u ocupándose de tareas domésticas sin protestar. Otros reaccionan portándose mal continuamente para llamar la atención, porque se sienten “abandonados”.
Hay niños que se aíslan en su mundo y se vuelven tímidos, llegando a tener dificultades importantes para establecer relaciones íntimas con los demás. Otros tratan de eludir las dificultades haciendo bromas sobre todo, de manera que no pueden llegar a tomarse en serio las cosas importantes de la vida. Durante un tiempo, estos patrones les ayudan a “sobrevivir” física y emocionalmente en un ambiente hostil. Sin embargo, cuando estos patrones se hacen rígidos, pueden ocasionar trastornos psicológicos graves en la infancia y en la edad adulta que afectan tanto a las relaciones personales como al rendimiento escolar y laboral.
6. ¿Qué aconsejaría a los familiares de una persona alcohólica, de cara a afrontar esta situación?
La actitud que adopta la pareja, o los adultos cercanos al enfermo, puede ser decisiva para motivarle a realizar el tratamiento adecuado. En primer lugar, se recomienda que traten de romper el círculo vicioso que facilita la continuación de la enfermedad, hablando abiertamente de los problemas en las relaciones familiares, y mostrando preocupación por la salud del enfermo y por sus dificultades (sin culpabilizarle). A continuación, se trataría de buscar información sobre la enfermedad y ayuda profesional para abordarla, procurando seguir firmemente los consejos de los especialistas. Por último, se recomienda buscar ayuda profesional para uno mismo si la situación llega a desbordar.
En el caso de los niños, la recomendación es tratar de protegerse y cuidarse a sí mismos, sin pretender responsabilizarse de la situación familiar (que ellos no han causado ni pueden controlar), y buscar apoyo en adultos de confianza que puedan intervenir.
7. ¿Qué aspectos se han abordado en el seno de los grupos educativos con hijos de alcohólicos? ¿En qué se justifica su acción?
La justificación de los grupos educativos con jóvenes hijos de alcohólicos, reside por un lado, en el hecho de reducir la sensación de aislamiento, la vergüenza, la culpa, y la negación de la problemática familiar. Además, promueve la identificación con jóvenes que tienen problemas semejantes, facilita el apoyo emocional mutuo y el desarrollo de confianza en los demás. El grupo de jóvenes facilita, además, el entrenamiento en habilidades sociales y en estrategias de enfrentamiento a las presiones a consumir drogas que existen en la sociedad actual.
Resulta fundamental hacer entender a los jóvenes, que el alcoholismo es una enfermedad que nadie desea tener, y que ni sus padres ni ellos son culpables de ella. También deben entender que la situación familiar que crea el alcoholismo seguramente ha hecho sentir mal a toda la familia, pero que es posible recuperarse, siguiendo un proceso de tratamiento guiado por especialistas. Por último, deben entender que ellos mismos podrían tener mayor probabilidad que otros jóvenes de sufrir alcoholismo si se habitúan a consumir alcohol. Uno de los factores de riesgo que podrían aumentar esta probabilidad sería haber “heredado” una mayor tolerancia a los efectos de intoxicación, que les haría creer que “aguantan bien el alcohol”.
Una herramienta fundamental del guía o terapeuta de este tipo de grupos es la paciencia y constancia para motivar a los jóvenes a participar, ya que al principio muestran muchas resistencias. Otra actitud importante es la flexibilidad para adaptarse a las necesidades y posibilidades del grupo en cada momento concreto, y el trato amable, honesto y respetuoso, procurando tener mucho tacto al hablar de temas conflictivos. Otro aspecto básico es saber utilizar el sentido del humor y la diversión, y mostrarse abiertos y dinámicos, para lo que resulta muy útil realizar los grupos con ayuda de un “coterapeuta”.
inicio